 Una de las experiencias personales que Iwao Koizumi, jefe de diseño de este modelo, aplicó a la hora de trabajar fue su primer encuentro con los deportivos europeos. Conservaba un recuerdo de cuando era niño viendo las 24 Horas de Le Mans y admirando aquellos Ferrari P4, Porsche Carrera 10 o un Ford GT40 Mk. IV que corrían prácticamente igualados. Según él, hay mucho de ese sentimiento que se ha transmitido a los valores Zoom-Zoom de los coches Mazda. Cuando presentaron su concept MX-Crossport en Detroit, la acogida fue tan buena que se decidió designar de forma casi inmediata un equipo de diseño, dirigido por Koizumi, para desarrollar una versión de producción en serie: el Mazda CX-7. Diseño de inspiración europea La combinación resultante de forma y lenguaje de diseño transforma las grandes proporciones del CX-7 mediante elementos que subrayan sus credenciales deportivas. El pilar A tiene una fuerte inclinación que se prolonga suavemente en la línea del techo, y que empieza a descender relativamente pronto, a la altura del pilar B, bajando hasta el pilar D, hasta formar una sección trasera corta, rematada por un spoiler. Otros elementos de diseño deportivo se encuentran en la línea de cintura elevada y las marcadas líneas del capó, situadas ligeramente hacia el interior para dejar más sitio a unas aletas delanteras sobredimensionadas. En la parte trasera, se han incorporado elementos redondeados (pilotos y tubos de escape), en la línea de los deportivos italianos tan alabados durante las últimas tres décadas. El diseño interior del Mazda CX-7 no escapa a esta inspiración deportiva, a la que contribuyen toques como el velocímetro con escala graduada hasta 240 km/h, o el volante y el pomo de la palanca de cambios forrados en piel. La posición del conductor, que se ve envuelto por el panel de instrumentos y disfruta de una palanca de cambios situada en posición elevada, está inspirada en estudios sobre el interiorismo de los modernos deportivos europeos. Viste su envoltura atlética con la misma sofisticación que el Mazda RX-8, con una apariencia poderosa y expresiva. Si a esto se le añade un motor turbo de altas prestaciones e inyección directa de gasolina y una calidad de acabados imbatible, el resultado es un Mazda en la cumbre de la innovación.
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